sábado, 27 de diciembre de 2008




Hace algunos meses alguien escribió: " Hoy en día somos adolescentes hasta los 31 y madurar, madurar... no maduramos nunca". Recuerdo que me reí mucho, me hizo muchísima gracia. Y efectivamente es cierto. Ayer mi hija cumplió 30 años (madre mía, yo pensaba que eran 29 ¡como pasa el tiempo) y sigue siendo una adolescente "aventurera"... ¿Su regalo?: un gato de peluche ¡precioso, eso si!, pero no deja de ser un gato de peluche. ¿Culpable?: pues ya no tengo claro si fue ella o si fui yo, que se lo compré. Bueno... lo que menos importa es buscar al culpable. El caso es que le encantó y como se volverá para Londres el día 9 de enero, y no quiere ir "cargada", se lo dejará aquí y lo disfrutaré yo, je je je ¡hay que ver con que poco me conformo!. Por lo demás... todo muy bien, mi casa parecía una jauría humana con todas sus amistades allí metidas. No faltó la tarta con sus velas ¡típico desde hace 30 años!, amén de otras muchas cosas y lo importante: ¡se lo pasaron en grande!, y yo... "castigada" hasta las once de la noche. Mi hija me había dicho: "Mamá, tú ven tarde" y así fue. Aparecí cuando ya se iban a cenar por ahí (que, por cierto, no sé ni cómo tenían hambre). Así que ya pasó el día más importante de mis Navidades. Lo malo fue recoger y guardar todo, a esto si que me invitaron.

Hace muchísimo frío y por estos "lares" no estamos acostumbrados a estas temperaturas tan bajas. El problema es que se juntan con la humedad y la sensación térmica parece mucho más baja.

Ya... por hoy ya terminé ¿os aburrí?.

Venga... besazos a todos y ahora toca empezar con FELIZ AÑO 2009.

CHELIS